Isabel Enríquez, viuda morisca granadina deportada a Quintanar, opta por esclavizarse con sus hijos para evitar la expulsión

Publicado por MORENO DÍAZ, Francisco : «Los moriscos de La Mancha»,CSIC. Madrid,2009

Escritura de esclavitud otorgada por Isabel Enríquez y Luis, Diego, Isabel, y Maria Pérez, sus hijos, todos moriscos granadinos alistados en la Villa de Quintanar de la Orden, con el objetivo de evitar ser expulsados de dicha villa en cumplimiento del Bando General de Expulsión de los moriscos de Castilla:

» En la Villa de Quintanar, a sesi días del mes de Octubre de 1610, ante mi, el escribano público y testigos aquí escritos, previeron presentes Isabel Henrríquez, viuda que fue de Gines Pérez, difunto, de los naturales del Reino de Granada y con ella, Luis, Diego Isabel y Maria Pérez sus hijos legítimos del dicho su marido, todos habitantes en esta dicha villa y dijeron que por cuanto por mandado  de Su Magestad se publicó un bando general contra los moriscos que habían quedado en estos Reinos en qu les mandó que dentro de ciertos términos saliesen de ellos so ciertas penas como mas largamente lo declaraba el dicho Bando, el cual a ellos les tocaba y comprendía por ser como son de los dichos moriscos de Granada que han vivido alistados en esta Villa.


Morería de Quintanar de la Orden

Y porque ellos siempre han sido y son buenos cristianos temerosos de Dios Nuestro Señor  y han profesado y profesan su Santa Fe Católica en la cual y debajo de sus presupuestos y mandamientos han vivido y quieren vivir y morir, han procurado por todos los modos y las vías que han podido quedarse en estos Reinos y vivir entre la gente cristiana y particularmente han encomendado el buen suceso de su pretensión a la Santa Imagen de la bienaventurada Virgen de Santa Maria de la Piedad de esta villa, con quien tienen particular devoción y eficaz deseo y voluntad de gastar los días que vivieren en su servicio y esclavitud. 


Ermita de San Sebastián en Quintanar, parroquia de los moriscos 

En cuya correspondencia han hecho diligencia con Su Majestad pidiéndole por merced les deje vivir en servicio de la Santa Imagen como sus esclavos, ofreciéndose como tales, por todos los días de su vida y que servirían y trabajarían para el aumento de su devota casa y cofradía y que de ello había escritura y que con esto no se entendiese con ellos el dicho bando, sobre lo cual el Señor Don Bernardino Velasco, conde de Salazar, del Consejo de Su Majestad y su Comisionado General de la Infantería de España, Mayordomo de la Reina Nuestra Señora, a cuyo cargo está la expulsión de los moriscos que salen de estos Reinos, habiéndolo consultado con Su Majestad, despacho cédula firmada de su mano y refrendada de Sebastián Medina, su secretario, fecha en Madrid a 25 de Septiembre del presente año, por la cual pedían como della parece y cuyo tenor es el siguiente:


Procesión e imagen de la Virgen de la Piedad a cuya cofradía se esclavizan Isabel y sus hijos.

COMENTARIO DEL AUTOR

El caso de Isabel Enríquez no es un caso excepcional. Ante la perspectiva de un destierro sin destino conocido, muchas familias moriscas en cuyo seno contaban con  ancianos, enfermos, viudas, o que carecían de medios de supervivencia para afrontar los riesgos de tan duro trance, optaron por la esclavitud voluntaria.

En ocasiones, esta forma de eludir la Expulsión, contó con la complicidad de los amos para quienes trabajaban, en otras con los párrocos, caso de Isabel Enríquez, en otras con las autoridades concejiles. En cualquier caso, puestos en la piel de una viuda con cuatro hijos a su cargo, el documento trasluce su desesperación por evitar a toda costa a sus hijos y a ella misma las penurias de una segunda diáspora, puesto que para los granadinos castellanos, se trataba de un segundo destierro en el lapso de menos de 50 años. Hasta el punto de esclavizarse ella y sus hijos de por vida.

No perdamos de vista la dureza de la cédula de autorización que emite, como consecuencia de la solicitud de la viuda, el secretario del Conde de Salazar, en la que se recalca que todo cuanto tuvieren y ganaren a lo largo de sus vidas estará a disposición de los mayordomos de la Cofradía, condenándolos a la pobreza -como dice la cédula- «para siempre jamás». Tampoco debían, echar en saco roto los moriscos que permanecieron en España bajo esta fórmula, la amenaza de revisión de sus casos y el apercibimiento de que no podrán reclamar en adelante ningún derecho, ni  reclamación legal que pudiera revertir su triste destino de esclavos.