LONGAS, Pedro:» La vida religiosa de los moriscos».Universidad de Granada 1998.
«1582.Proceso de Miguel Callosa, morisco,vecino del Real de Gandía: «Que en el dicho tiempo próximo pasado, dezían que era el ayuno de los moros, y trabajaban en el trapiche del Real y no comían ni bebían en todo el día hasta la noche; y sabe e vió que había allí muchos moriscos en el dicho día del ayuno, y señaladamente estaba el dicho Callosa y otros que declaró; los cuales trabajando en el dicho tiempo del ayuno, sabe que no comían en todo el día hasta la noche y antes del dicho tiempo todos comían y bebían y trayan de comer para todo el día y comían a sus horas con los christianos viejos; y pasada la luna del ayuno, que ellos dizen, también traen provisión para comer todo el día, y comen a sus horas como los christianos viejos».MIV,leg.49,exp. 18. AHN.
Puerta del antiguo trapiche del Real de Gandía
COMENTARIO DEL AUTOR
Los pueblos y alquerías de las comunidades moriscas de la Safor, en el cultivo y producción del azúcar, fue de vital importancia para las rentas del ducado de los Borja de Gandía. En el cultivo, y tratamiento posterior de la caña en los «trapigs» ,participaban miles de moriscos, como peones y maestros azucareros, pero también como auténticos comerciantes, financieros y transportistas de los panes de azúcar. Gandía, Oliva, Bellreguart, o Beniarjó, entre muchos otros pueblos, guardan restos patrimoniales o recuerdos locales del lugar donde se ubicaron estos centros de producción azucarera.Para hacernos una idea de la importancia del papel de los moriscos en la economía exportadora, baste saber que linajes moriscos como el de los Xep, moriscos acaudalados de Oliva, llegaron a comprar en ocasiones, toda la producción azucarera al Duque de Gandía y comercializar, mediante recuas de trajinemos y arrieros, su distribución hasta los rincones mas lejanos de Castilla y Aragón.
Durante la zafra, estos miles de moriscos,que representaban una mayoría social en la comarca de la Safor y aledañas, practicaban sus creencias islámicas con un amplio margen de libertad y probablemente de tolerancia de las autoridades locales, como muestra el proceso de Miguel Callosa, pues no estamos en este proceso inquisitorial, ante el castigo excepcional a un individuo sorprendido en la practica de un rito islámico, sino, como dice el propio fiscal del Santo Oficio, Miquel sólo era uno mas de los miles que guardaban el Ramadán sin recato ante sus compañeros de trabajo cristiano viejos.